Nuestros hijos sobrevivirán a nosotras

"Sobrevivimos a nuestros padres y nuestros hijos sobrevivirán a nosotros" esta es una frase de mi esposo y que poco a poco me he ido apropiando, al principio para poner en evidencia que no somos perfectos y luego, con más fondo, para alivianarme y comprender que no importa que tanto haga yo, porque mi hijo tendrá una interpretación que llevará consigo para el resto de su vida.
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Tal como nosotros tenemos la representación de nuestros padres, donde muchas veces las versiones de las historias entre ellos y nosotros pareciera de dos realidades paralelas.

Mi “claridad” mental sobre el hecho de que todos somos seres imperfectos y ser madres no nos acerca a la perfección, pareciera no estar muy en sintonía con mi sentir o mis fuertes impulsos inconscientes de querer serlo, (y eso que es algo de lo que hablo siempre en mis talleres).

Me resulta difícil de poner porque es saber que no soy perfecta, que el hecho de ser madre no me acerca ni una pizca a serlo y que ninguna lo es… pero a pesar de esto es como si tuviera que demostrar, defender y predicar sobre como soy la mejor mamá, como si le tuviera que cumplir a alguien con un estándar, como si alguien me fuera a premiar o como si camináramos por la vida esperando encontrarnos con el mérito que alguna mamá se ganó alguna vez y ninguna más volvió a recibir.

Se me ocurre que tiene que ver con que a veces nos damos tan duro a nosotras mismas que nos cuesta reconocernos, valorar lo que hacemos, lo que sí hay, lo que sí hacemos, lo que sí brindamos y sobre todo, lo que sí somos.

Muchas hablamos en espacios reservados sobre lo agotador que es ser madre, sobre que dar teta no es felicidad para todas las mamás, que parir no es lo más lindo que le ha pasado a todas en la vida, que en contradicción de las nuevas olas de crianza, un grito se nos sale cada tanto porque estamos cansadas, por lo menos ahora lo ponemos en chistes o en un stand up comedy donde todas reímos con la certeza de que este caos es lo más bello que nos ha pasado en la vida, mientras que las que no tienen hijos nos miran con cara de bicho raro sin comprender cómo es posible que toda esta locura nos siga pareciendo bonita…

Encontrar espacios de descanso y silencio que nos permitan observar desde afuera, observar desde el agotamiento no aporta nada y por el contrario suma a la carga.

Sin embargo, al interior de la casa seguimos con ese látigo, ahora extendido, (el extensor que nuestros hijos trajeron bajo el brazo en el que no estaba el pan, el látigo ya lo traíamos por el hecho de ser mujeres para darnos duro por todo – otro día hablamos de la culpa), nos seguimos comparando con las mamás de Facebook o con las que nos encontramos en el parque o en una reunión de mamás “perfectas”, que al final están igual que nosotras pero que no lo pueden decir porque sería aceptar que son las “peores” mamás del mundo (bajo el dañino estándar que ha sido puesto por nosotras mismas)… Así que terminamos alimentando un imaginario basadas en otras mujeres que se sienten igual que nosotras.

Sólo se me ocurren algunas cosas que pueden ayudarnos a centrarnos para proponer una mejor relación con nosotras mismas:

  • Conectemos con nuestra respiración.
  • Aprendamos a reconocer lo que sí hay, lo que sí hacemos.
  • Veamos en nuestros hijos el reflejo de nuestra dedicación.
  • Si encontramos aspectos a mejorar, seamos amorosas con nosotras y pasemos a la acción.
  • Compararnos nunca nos va a hacer sentir mejor y mucho menos nos va a convertir en mejores madres.
  • Iniciar prácticas espirituales que nos permitan conectarnos con lo realmente importante.
  • Busquemos espacios de contención, el psicólogo es una forma de regalarnos bienestar.
  • Sanemos nuestros propios vacíos, dolores y paradigmas que nos reconcilien con nosotras mismas.
  • Encontrar espacios de descanso y silencio que nos permitan observar desde afuera, observar desde el agotamiento no aporta nada y por el contrario suma a la carga.
  • Paremos por un ratico las lecturas de crianza y re-conectemos con nuestro instinto.
  • No importa lo que suceda, recordemos siempre RESPIRAR.
Disfrutemos de quienes somos, esto atraviesa todo en nuestra vida, si nos caemos bien, si nos gusta la mujer que vemos en el espejo, seguro nos caerá mejor la mamá que nuestros hijos escogieron para vivir.
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