El parto. Contacto con lo Femenino

Esto lo escribí en el 2013, cuando Matías tenía 3 meses de nacido y yo celebraba mi primer día de la madre con él en brazos. Matías ahora tiene 8 años y aún las palabras, las emociones y las certezas siguen intactas, por eso se los comparto:
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Antes de quedar en embarazo conocí un video llamado “El parto orgásmico”, en este confirmé que era posible vivir el parto de una manera muy diferente a lo que muestran las películas, novelas e incluso historias terribles que narran muchas de las mujeres que han sido madres. Vivirlo respirado, sin alaridos, en un espacio cálido y privado, consciente, siendo dueña del proceso y una de las cosas más importantes, con una presencia más activa de la pareja. Desde ese momento decidí que mi parto sería armónico, amoroso, tranquilo, humanizado, respetado y sobre todo, profundamente consciente.

Teniendo claro este contexto, al saber que sería madre, lo primero que hicimos con el amor de mi vida, luego de celebrar por supuesto, fue iniciar la búsqueda de un profesional que nos brindara tranquilidad y seguridad, alguien cercano a lo que nosotros estábamos buscando para el parto, es decir, que respetara nuestras elecciones: Lo tendríamos en la clínica pero de manera natural y no “medicalizado” y fue nuestro ginecobstetra quién creyó en nosotros, nos respetó y apoyó durante todo el tiempo.

Como la vida está llena de maravillosos misterios, y Dios y el Universo se inspiran con y por nosotros, llegamos a una Doula que atravesó nuestras vidas después de su acompañamiento. Una mujer altamente sensible, conectada con su feminidad, con lo natural, apasionada por su labor, formada como Doula y además Psicóloga. Ella fue la persona con quien nos preparamos para lograr el tipo de parto que principalmente yo quería, e incluso me atrevería a decir, necesitaba.

En los encuentros aprendimos sobre el cuerpo y las emociones que sucedían durante el parto, sobre las hormonas y la capacidad del cuerpo de generar su propia “medicina” para cada momento del proceso, nos presentaron a nuestra nueva mejor amiga, la Oxitocina, comprendimos el ritmo de las contracciones y el momento oportuno para dirigirnos a la clínica, conocimos los protocolos y medicamentos que por rutina el personal médico realiza y administra durante el trabajo de parto y que no necesariamente son indispensables.

También trabajamos nuestras expectativas frente al parto, comprendimos, para nuestra maravilla, que es posible el dolor sin sufrimiento, exploramos el dolor a través de ejercicios con hielo, identificamos sonidos, respiraciones, cantos, silencios que me permitían atravesar el dolor, construimos nuestros laberintos comprendiendo que en el camino encontraríamos dificultades, sorpresas, novedades y alegrías, y que todo esto haría parte fundamental de la historia que contaríamos al finalizar el proceso.

Hoy con orgullo celebro entonces, mi experiencia de ser mamá. Celebro la magia de la vida, la fuerza que nos ha sido entregada a las mujeres, la entrega y conexión con la tierra, con el cuerpo y lo femenino…

Realmente fueron aprendizajes vitales para el momento de iniciar todo el trabajo de parto, hablo en plural porque aunque era yo quien realizaría todo el trabajo, atravesaría el dolor, viviría la experiencia de dar a luz y de permitirle a esa vida iniciar su camino por esta tierra, Carlos Andrés fue completamente importante para hacer realidad el tipo de parto que yo soñaba. Su acompañamiento, su capacidad de contener con paz, sus vocalizaciones a mi lado, su paciencia, su disposición, sus masajes, su mano, su silencio, las velas, la edición de los mantras, su complicidad en el proceso con Ana María (nuestra amada Doula), sus palabras animándome y diciéndome que yo era esa mujer fiel a mí misma y que él creía en mí independiente del resultado, me fortalecieron aún más para continuar con esta idea.

Idea que a muchos y a muchas (principalmente) les parecía salida de los cabellos, ingenua, masoquista y lo sé porque sin ningún tacto me lo decían, tanto que decidí no volver a comentar esto con nadie, porque para las mujeres que habían sido madres mi idea se convertía en un reto, con sus frases desafiantes, atrevidas e irrespetuosas me llené de miedo y de mucha confrontación frente a la pérdida del contacto de la mujer con su femenino, con su fuerza natural, con lo que significa el parto como parte inherente a todo el proceso del embarazo y no como un episodio que hay que borrar y no contar, con el don que nos fue entregado y con el verdadero significado de ser dadoras de vida…

Pero como dije antes, y vuelvo a repetirlo porque lo creo firmemente, Dios y el Universo se inspiran para que todo sea perfecto, fueron llegando mujeres que había conocido antes y con las que no había tenido contacto en ese periodo para animarme (sin saber de mi confrontación y lo que estaba viviendo), para llenarme de alimento el espíritu, para recordarme todas las madres y abuelas sabias que habían parido a sus hijos en contacto con la madre tierra. En ese momento comprendí que antes estaba hablando con las mujeres equivocadas, así que di gracias por todas las mujeres que habían cruzado mi camino, porque quienes fueron agresivas con sus palabras me retaron a demostrarles y sobre todo a demostrarme que sí era posible, y a las que me animaron porque me mostraron que era tan posible y tan natural que no había que demostrarle nada a nadie, solo seguir la naturaleza femenina que me hacía el llamado al contacto con mi fuerza y con lo que soy.

El 20 de febrero hice un trabajo de parto de 12 horas en casa, acompañada del amor mío, el espacio preparado con velas, mantras, calorcito y fotos que sólo evocaban amor en el espacio, en cada contracción una vocalización, movimientos sutiles, pequeñas caminatas, respiraciones profundas, sensación de dormitación y éxtasis profundo…

Pasado este tiempo llegué a la clínica y en una hora y media iniciaría el momento que me llevaría a conocer al ser que iluminaría nuestras vidas, en sala de partos nuestros deseos también fueron respetados, sin pitocin, sin epidural, sin episiotomía, con la luz apagada, con mi esposo al lado, con buen humor entre los que estaban presentes, el cordón cortado por el papá solo hasta que dejara de latir, entregando los últimos nutrientes y el hierro al bebé, en desnudez completa para permitir contacto inmediato piel con piel, siguiendo el ritmo a las contracciones, animada y admirada por el personal médico, después de un trabajo de 18 horas en total, nació la luz de nuestras vidas: Matías Arango Rendón.

Hoy, 8 años después de un año de iniciar mi proceso como madre y de tener a Matías, un ser tranquilo y en paz, lleno de sonrisas desde que despierta, un niño que duerme plácidamente y solo despierta una vez en la noche, que se alimenta solo de mi pecho, que llora poco, un ser sociable, con una mirada brillante y llena de luz, puedo decir que fui dueña de mi proceso de parto, que estoy segura que la forma como llevé el embarazo y el parto contribuyeron a que este nuevo ser, nuestro pedacito de alma, naciera en un entorno completamente amoroso, armónico, tranquilo y sobre todo consciente.

A quienes me preguntan respondo con certeza que lo volvería a tener de la misma manera que lo tuve, a quienes se preguntan cómo lo hicimos o si de verdad es posible, puedo decir que lo más importante es informarse, prepararse, empoderarse de esta etapa para que cuando se cuente la historia, el parto haga parte al igual que el embarazo y la experiencia de ser mamá, de una historia inolvidable.

Hoy con orgullo celebro entonces, mi experiencia de ser mamá. Celebro la magia de la vida, la fuerza que nos ha sido entregada a las mujeres, la entrega y conexión con la tierra, con el cuerpo y lo femenino…

Agradezco a todos los que nos acompañaron, a quienes creyeron, a quienes aunque no creían respetaron nuestro deseo y preparación, al Doctor por su apoyo durante todo el embarazo y parto, a mi Doula por su conocimiento y entrega amorosa de su ser para acompañarnos, a nuestras familias y amigos que estuvieron a nuestro lado.

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